Aprender guitarra para ser más independiente y seguro

aprender guitarra para ser más independiente

Aprender guitarra va más allá de tocar canciones.
También puede ayudarte a dejar de depender tanto de los demás.

Porque para avanzar con un instrumento no basta con copiar lo que otros hacen: hay un punto en que necesitas decidir por ti mismo.

Una vez que adquieres esa actitud y ese compromiso contigo mismo, sin darte cuenta, empiezas a hacerte más independiente.

Más consciente. Más seguro.

De copiar canciones a tomar decisiones

Lo más fácil es seguir instrucciones.

En YouTube hay miles. Basta con copiar acordes, memorizar tablaturas, repetir los movimientos. No hace falta entender, ni sentir, ni decidir. Solo seguir.

Pero llega un momento —si sigues tocando— en que eso ya no basta.

Empiezas a querer cambiar una nota. Retardar el ritmo. Poner un silencio donde no estaba escrito.

Empiezas a hacer tuyo lo que antes solo imitabas.

Ese estado de conciencia, si no lo saboteas, marca un antes y un después.

Autonomía: elegir desde lo que importa

Para avanzar de verdad —como guitarrista y como persona— necesitas autonomía.

No me refiero a «saber hacerlo todo solo», sino a dejar de actuar solo en función de lo que otros dicen o esperan.

Dejar de depender, incluso aunque sigas aprendiendo de otros.

Autonomía es tocar lo que tú eliges.
Decidir por qué practicas algo, cómo lo haces y qué sentido tiene para ti.
No repetir lo que funciona para todos, sino descubrir lo que te sirve a ti.

Y eso no pasa porque sí.

Pasa cuando empiezas a hacerte responsable de lo que haces con tu tiempo, con tu atención y con tu música.

Sucede cuando te das cuenta de que puedes cambiar tu forma de tocar —y tu forma de vivir— si dejas de esperar el momento perfecto y empiezas a actuar con lo que tienes.

Responsabilidad es saber dónde puedes actuar

La plegaria de la serenidad reza: «Concédeme valor para cambiar lo que puedo, y serenidad para aceptar lo que no».

En la guitarra, como en la vida, uno aprende a distinguir.
Y cuando aprendes a distinguir, empiezas a elegir.

Ver, para comprender, para saber elegir…
¡Y luego ya veremos cómo lo tocamos!

— Javier Cabañas

Autoconciencia: saber quién está tocando

Sinembrague…

Para elegir necesitas algo más: conocerte mientras tocas.
Saber cómo reaccionas cuando te sale mal.
Qué haces cuando te aburres.
Qué voz se activa cuando algo te sale bien.

Esa capacidad de observarte sin disfraz, sin castigo, es lo que afina tu criterio.
Y cuanto más lo afinas, más autonomía tienes.

No eres más libre porque toques mejor.
Eres más libre porque sabes quién toca, por qué lo hace, y a qué está diciendo que sí.

Lo demás es solo ruido impreciso y lejano.

Robar lo que necesitas para tocar como tú eres

Dicen que Picasso aseveró: «Los mediocres copian, los genios roban».

No se trata de robar para presumir de lo que no es tuyo.

Sería un absurdo.

Se trata de hacer tuyo lo que antes era ajeno.

De apropiarte de lo aprendido, integrarlo, darle un giro.
No repetir como un loro, sino tocar con voz propia.

Esa es la diferencia entre el que copia y el que transforma.
Y esa transformación —aunque parezca artística— es también vital.

Porque al asumir lo que eliges, lo que usas, lo que te inspira, estás decidiendo desde ti.
No desde lo que toca ahora.
No desde lo que gusta fuera.

En esencia, es aprender a intuir y —con la práctica— a escuchar lo que resuena contigo y se convierte en parte de lo que eres.

Esto no es magia, ni esoterismo barato, no son pócimas ni suplementos vigorizantes.

El estudio musical en adultos, como recogían varios trabajos recientes, mejora la autorregulación, refuerza la motivación interna y potencia la capacidad de decisión personal.

Especialmente cuando no te limitas a seguir un temario o a copiar canciones, sino cuando eliges tu camino, adaptas lo aprendido y construyes un repertorio que dice algo sobre ti.

Los alumnos que se implican activamente en su aprendizaje —eligiendo lo que tocan, cómo practican, cuándo y por qué— aumentan su autonomía, su constancia y su seguridad interior.

Por eso robar, en este contexto, es un acto de conciencia.
Y como todo acto de conciencia, te cambia.

Lo que aprendes con la guitarra te sirve para vivir

Esa capacidad de elegir con criterio, de escuchar tu intuición, de comprometerte con lo que haces aunque cueste…

no se queda en tu habitación, salón, cocina, terraza… o en el local ensayo o en el escenario.

Lo trasladas a tus decisiones diarias, a tus relaciones, a tu forma de estar en el mundo.

Practicar un instrumento no solo afina tus dedos.
Afina tu juicio.
Tu presencia.
Tu libertad.

Por cierto…

Puedes recibir estas reflexiones de la serie «Tocar la guitarra ¿para qué?» en tu correo, para no perderte ninguna y poder comentarlas o sugerir ideas.

Más adelante, publicaré —para celebrar las 99 primeras reflexiones— un eBook recopilatorio gratuito, que podrás descargarte si estás en mi comunidad.

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