A veces, no es que no quieras.
Es que no tienes una dirección para tocar con sentido.

Te sientas a tocar. Abres la funda. Empiezas con los mismos ejercicios de siempre… y algo no encaja.
No es cansancio.
Tampoco es desánimo.
Es otra cosa.
Una especie de desconexión sutil.
Como si hubieras perdido esa dirección que te importaba.
No necesitas motivación…
Necesitas dirección
Durante años se ha repetido que si no estás motivado, no puedes avanzar.
Que necesitas ilusión, ganas, energía.
Pero no es cierto. Al menos, no del todo.
La motivación es volátil. Aparece un día, ¡se esfuma al siguiente!
No puedes construir sobre algo que no es sostenible.
Lo que de verdad te hace avanzar no es la motivación.
Es saber a dónde vas.
Tener una visión. Una que sea tuya, no prestada. Que te importe lo bastante como para levantarte a tocar aunque no tengas ganas.
¿Y si el problema no es la desgana… sino la falta de visión?
La visión no es una lista de metas.
Es un mapa interno que da forma a tus decisiones pequeñas.
Es lo que te permite decir:
esto sí, por supuesto; esto no; esto sí, pero no ahora.
Cuando se difumina el camino, el caminar se vuelve automático.
Y entonces pierdes algo más que energía: pierdes sentido.
La guitarra, en ese punto, puede ser un espejo.
Si sigues tocando sin alma, no estás perdiendo pericia.
Estás perdiendo contacto contigo mismo.
Una historia real: la visión que se agrietó…
y la que apareció debajo
«Life is like a guitar. You must press down on the strings to produce beautiful music, but it’s not always easy to do». —Anónimo.
Yo también tuve una visión. De otro tipo. De esas que vienen con portadas de vinilos, bandas de rock y promesas de éxito.
Durante años quise tocar como mis ídolos. Ser como ellos. Si a los 24 no toco como Jason Becker —me decía— lo dejo todo.
Spoiler: no lo dejé. Pero tampoco llegué hasta allí.
Entre academias, bandas que se rompían, trabajos por encargo, encargos sin alma… algo empezó a romperse.
Esa capa brillante de «profesional de la música» fue resquebrajándose.
Y debajo apareció otra cosa…
No el sueño, sino el oficio.
No el delirio, sino la dirección.
Y por raro que parezca, desde ahí empecé a encontrarme.
No tocando para convencer a nadie. Sino para estar más cerca de lo que pienso, de lo que siento, de lo que soy cuando enseño y toco.
Y eso… eso sí que me importa.
La visión se revisa. No se idealiza
Una visión no es algo que se decide un día y se graba en piedra.
Es una forma de mirar.
Y mirar, para encontrar tu manera tocar —y de vivir—, requiere práctica.
A veces basta con preguntarte:
- ¿Este camino sigue teniendo sentido para mí?
- ¿Me estoy moviendo hacia algo que deseo… o solo mantengo la inercia?
- ¿Estoy afinando lo que me ilusiona o solo estoy repitiendo ejercicios?
Tocar con visión no es mirar lejos
Es observar fino.
Es darte cuenta de cuándo estás actuando desde dentro y cuándo solo estás cumpliendo «la tarea».
Es afinar tus intenciones igual que afinas las cuerdas.
Es volver a conectar con esa sensación primera, la que te trajo aquí.
Y si ya no rima contigo, entonces no la busques, no la arregles…
mejor, quizá (eso sólo tú lo sabes): elige otra.
Coda
Tocar la guitarra con visión no significa tener un plan detallado.
Significa tener una dirección que tomar que sea importante para ti.
Una que te haga levantarte aunque no tengas ganas.
Porque al final, no es la motivación lo que te transforma.
Es la coherencia con lo que de verdad quieres.
Y si hace tiempo que no te lo planteas…
quizá va siendo hora de volver a mirar hacia dónde vas.
Por cierto…
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