
Hay momentos en los que no puedes con tu alma…
Y aun así, sacas la guitarra de la funda, la colocas sobre tu pierna, y te pones a tocar. Aunque no lo parezca, acabas de encender una chispa. Energizarte tocando guitarra es una experiencia que puede cambiar tu ánimo y transformar tus días.
No es magia. Tampoco casualidad.
Cuando pones las manos sobre el instrumento, algo dormido se activa: la atención, la respiración, tu ritmo interno, tu cuerpo entero. Como si una parte de ti supiera que ese gesto —aparentemente insignificante— es el inicio de un cambio de rumbo.
Una vía directa para cambiar desde dentro
No hace falta estar inspirado. Ni tener ganas. A veces ni siquiera tener fuerzas.
Basta con recordar que tocar te devuelve algo que habías perdido: vitalidad, presencia, rumbo.
La guitarra funciona como catalizador. Te mueve desde dentro hacia afuera, cambia tu ánimo, reordena tus pensamientos y te saca del bucle. Y no porque elijas temas alegres o tristes, sino porque estás haciendo algo consciente con todo tu cuerpo… con todo tu ser.
Como ocurre con otras prácticas —ejercicio, respiración, escritura, silencio, incluso la meditación—, tocar la guitarra es una forma de decirle al mundo (y a ti mismo): aquí estoy.
No esperes a sentirte bien para tocar
Una de las trampas más comunes es la de esperar a tener energía para empezar. Pero es exactamente al revés: tocar es lo que genera la energía. Y cuando eso ocurre, lo sabes. Lo notas.
Porque tu manera de tocar cambia según tu estado, sí. Pero también —y esto es lo más importante—, tu estado cambia según tu manera de tocar.
¿Cómo puedes empezar a energizarte?
Si alguna vez sientes bloqueos, falta de energía o simplemente un bajón, prueba este sencillo ritual con tu guitarra:
- Coge tu guitarra y reserva 15 minutos solo para ti.
- Toca algo sencillo y cómodo, algo que te haga sentir bien.
- Olvida el resultado, disfruta el proceso. Toca enfocado: procura no divagar.
- Observa cómo cambia tu sensación física y emocional tras esos minutos de música.
Es probable que descubras que algo pequeño y cotidiano tiene un poder inmenso para cambiar tu día.
La música como acto contagioso
Si además compartes lo que haces —aunque sea como un susurro, aunque sea con una sola persona—, el efecto se multiplica.
Porque no se trata de exhibirse. Se trata de conectar, de crear una onda que rebote, te devuelva algo nuevo y, con suerte, se propague.
Como decía Aldous Huxley:
«Quería cambiar el mundo. Pero he descubierto que lo único que uno puede estar seguro de cambiar es a uno mismo.»
Y, a veces, cambiarte a ti es la mejor forma de ofrecer algo valioso a los demás. Tocar la guitarra puede ser exactamente eso: una forma de sintonizar contigo mismo y, de paso, mejorar la energía que te rodea.
Más razones para energizarte tocando la guitarra
Tocar la guitarra no solo activa tu cuerpo y mente, sino que también puede ser un excelente aliado para tu salud mental.
Estudios recientes muestran que la música ayuda a reducir el estrés, mejora el estado de ánimo y puede ser una vía para la expresión emocional.
Además, el acto de aprender y mejorar en la guitarra genera satisfacción y un sentido de logro. Cada pequeña meta alcanzada, cada nuevo acorde dominado, te da un impulso de confianza que alimenta tu energía para seguir adelante.
Finalmente, recuerda que la música tiene un poder social: tocar en compañía o para otros no solo multiplica tu energía, sino que fortalece vínculos y crea momentos de alegría compartida.
Por cierto…
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Más adelante, publicaré —para celebrar las 99 primeras reflexiones— un eBook recopilatorio gratuito, que podrás descargarte si estás en mi comunidad.
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