A veces, la vida se vuelve una lucha constante contra las circunstancias, contra los demás, contra uno mismo. Tocar la guitarra, en tiempos difíciles, puede ser tu forma de no perder la cordura y tomar las decisiones correctas que te ayuden a salir del hoyo.
Hay etapas en las que todo pesa demasiado, etapas en las que abandonamos incluso lo que más amamos. Es ahí, en medio de esa oscuridad, cuando aquello que habíamos dejado atrás puede regresar para salvarnos.
En mi caso, ese algo fue tocar la guitarra.
Cuando los sueños chocan con la realidad
Desde muy joven supe que quería vivir de la música…

Pero tras un duro golpe emocional en mi juventud, cuando descubrí con incredulidad y vergüenza que quizá no era tan bueno tocando la guitarra como había creído, me refugié en trabajos desgastantes para evitar enfrentarme al miedo al rechazo.
Fui camarero en bares nocturnos, mensajero y administrativo en una empresa de fotocopiadoras, trabajé en almacenes cargando objetos de decoración, etc. todo por no afrontar la posibilidad de fracasar.
Sin embargo, la música nunca dejó de llamarme. Seguí tocando, aunque solo fuera en privado, como quien guarda un pequeño secreto, ya que eso de ser profesional lo veía muy lejos…
Del éxito fugaz al abandono silencioso
La vida da vueltas inesperadas.
Gracias a un golpe de suerte, años después —mientras mantenía esas rutinas de estudio y búsqueda de mi lugar en el mundo— conseguí un trabajo como guitarrista en un programa de televisión.
Conocí la fama y una aparente seguridad económica. Pero mi carácter rebelde provocó conflictos constantes y terminé despedido, volviendo al punto de partida.
Después me mudé a otra ciudad y volví a trabajar en otro bar, esta vez hubo cosas agradables, pero acabé agotado física y emocionalmente.
Mientras, formaba parte de un grupo musical afincado en en esa ciudad que empezó a tener éxito, pero nuevamente mi forma de ser «reivindicativa» me puso en conflicto con quienes podían decidir y, otra vez, después de varios años de intensas giras, acabé apartado.
En ese punto, entre el bar, los conciertos y mi frustración por no encontrar mi verdadero camino, entré en una etapa oscura: abandoné la guitarra emocionalmente durante casi cinco años.
La tocaba, sí. Pero sólo en los conciertos, a veces sin alegría, sin pasión. Al acabar, la guitarra volvía a su sarcófago-funda y la escondía bajo la cama.
Además, mi relación de pareja fue siempre muy complicada. Durante esos años difíciles, hubo constantes idas y vueltas, discusiones frecuentes y tentativas habituales de separación (algunas de varios años) añadiendo más frustración e incertidumbre a mi vida.
Durante esos años difíciles me perdí… y tonteé peligrosamente con las drogas, cosa que no hizo más que empeorar mi caos emocional.
Cómo la guitarra me guió de vuelta a mí
En medio de esa crisis brutal, un día sentí algo que parecía olvidado: un impulso sutil, casi imperceptible, pero que aún seguía vivo dentro de mí.
Fue entonces cuando comprendí que la luz de mi pasión por tocar la guitarra nunca se había apagado del todo.
Mi luz, la que me ayudó a atravesar las tinieblas del sinsentido y a encontrar fuerzas para salir adelante y recuperar el control de mi vida.
Poco a poco, retomé mi guitarra, esta vez con humildad, con respeto y profunda gratitud.
Volví a estudiar, profundizar y redescubrir la música con una nueva mirada, más auténtica, más honesta. Tocar la guitarra en tiempos difíciles ya no era solo un escape, era un verdadero regreso a mí mismo.
Además, tocar me permitió detenerme, respirar y evaluar con claridad qué era realmente lo que iba conmigo.
Gracias a esos momentos, fui capaz de afrontar con mayor serenidad mi complicada situación personal y de pareja, pudiendo así tomar decisiones más conscientes.
Tocar la guitarra: una forma de resistir
Mi historia está ligada a la guitarra, pero podría ser la historia de cualquiera que se enfrenta a tiempos complicados o enrarecidos.
No hace falta ser músico ni artista para entender lo que significa encontrar refugio en algo que amas profundamente. La guitarra me enseñó a resistir y me recordó mi valor más allá de los errores, los fracasos o las dificultades.
Cuando volví a tocar después de esos años, comprendí que mi verdadero propósito nunca fue la fama ni la aprobación externa. Mi propósito real era y sigue siendo expresarme, crecer, sanar y ayudar a otros a encontrar también su refugio.
Encuentra tu refugio: vuelve a lo que amas
Si ahora mismo estás atravesando tiempos difíciles, te animo a que recuperes ese espacio personal que te permita resistir, respirar y encontrar tu camino.
Para mí fue tocar la guitarra, para ti puede ser otra cosa, pero nunca olvides que siempre puedes volver a eso que te hace sentir vivo.
¿Te identificas con mi historia? ¿Cuál es tu refugio cuando las cosas se ponen difíciles?
Estoy aquí si quieres compartir tu experiencia conmigo…
Por cierto…
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Más adelante, publicaré —para celebrar las 99 primeras reflexiones— un eBook recopilatorio gratuito, que podrás descargarte si estás en mi comunidad.
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